Aprender haciendo no es nada nuevo, es como siempre se ha
aprendido; es más, es como siempre se sigue aprendiendo de forma relativamente
inconsciente: “hasta que lo hacemos, no lo sabemos realmente”, y muchas veces,
tenemos que hacerlo varias veces, para realmente aprenderlo. Pero sigue siendo
el método más eficaz y más satisfactorio. Cuando uno hace algo, por muy malo
que sea, siente cierta satisfacción por hacer, por haberlo conseguido, y eso se
traslada a su estado de ánimo. "Lo que tenemos que aprender a hacer, lo
aprendemos haciendo". Esta cita, atribuida a Aristóteles, es la mejor
muestra de que la valoración del aprendizaje experimental sobre el puramente
académico no es una moda nueva o una tendencia pasajera, sino que pervive en el
tiempo.
Los contenidos teóricos son necesarios para avanzar en el
aprendizaje de cualquier área de conocimiento, pero para lograr retenerlos y
dotarlos de utilidad, es mejor experimentar con ellos. Esto, al menos, promulga
la metodología pedagógica denominada "aprender haciendo"
("learning by doing"), que desecha técnicas didácticas como la
memorización o la evaluación continua, en favor de otras que enseñen a los
alumnos a "saber hacer".
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